Hara-Kiri Vs. Seppuku

Gracias a la encomiable labor que está haciendo la gente de “Cine Ciutat”, salvando de la desaparición lo que un tiempo fueron los cines Renoir de Palma de Mallorca, he tenido acceso, por fin, a “Hara-Kiri: Death of a Samutai” ( Ichimei, 2011). Esta cinta firmada por Takashi Miike es el “remake” del original de Masaki Kobayashi ( Seppuku, 1962). Poca broma, una de las películas de samurais clásicas que más celosamente guardo en mi rincón de preferidas ( acompañando a los siete samurais y Ran ). Muchas fueron pues mis cabalas acerca del sentido de un remake desde el momento que fui consciente del proyecto. “Remake”, palabro que ya de por si no es que tenga connotaciones demasiado positivas para mi. Y encima me entero de que se rueda para “3D”. Ya es que el bueno de Miike se ha ido ganando mis respetos con contundencia en este último par de años, así que más o menos siempre le he otorgado el beneficio de la duda a este nuevo “Hara-Kiri”.

Ahora puedo decir que mi respeto por Miike no ha hecho sino que aumentar, y que he gozado con la película como gozan los gorrines cuando pastan por los encinares una mañana de estío. Sobre todo ahora que he constatado que no es una interpretación libre, totalmente redibujada, de “Seppuku” Pero eso no ha hecho que deje de pensar en todo el asunto de la necesidad de un remake. Más que en la necesidad, porque necesidad no había, en qué es lo que quiso ofrecer Takashi Miike. Qué es lo que pensó que podía aportar a tan magna obra rodándola de nuevo cincuenta años después. Y desde aquí aprovecho para agradecerle que, sabiendo a lo que puede llegar cuando se pone desagradable, no se haya cebado con las escenas más violentas. ¡Gracias Miike!

El nuevo “Hara-Kiri” es perfectamente respetuosa con su predecesora, hasta el punto de que no solo las pocas localizaciones de ambas películas son prácticamente idénticas, si no que hasta los protagonistas principales se parecen físicamente a sus homólogos clásicos.¿No?. No obstante al final Miike consigue una obra mucho más accesible al público “general” de los tiempos que corren. No solo por hacer uso de la evolución lógica de las técnicas de cámara y fotografía en cine, que hasta para un ignorante como yo se hacen evidentes. Si no también porque corta y añade, por aquí y por allá, algunos elementos interesantes (otros no tanto). Siempre manteniendo el respeto hacia la obra clásica y la total esencia de lo que esta cuenta. Consigue una película bastante más directa obviando un poco todos los elementos que no tenían función conductora de la línea argumental principal. No pierde Miike tanto tiempo en discursos ( o por lo menos esa es la sensación que he tenido yo), ni en la acción que no se desarrolle en el presente de la historia. No veremos pues el bucólico duelo de espadas de “Seppuku” ( de rigor en las películas clásicas), ni va a perder tanto tiempo en explicar como el protagonista “gestiona” a sus enemigos. Precisamente esto último que comento, en concreto la escena donde el protagonista hace de “peluquero” de los samurais del clan Lyi, le resta un poco de credibilidad a la acción de la nueva versión. Y hablando de credibilidad, en este sentido me choco también la escena del protagonista luchando contra todo el clan enemigo. Una escena cuya acción está bastante mejor llevada en la película de 1962, sobre todo cuando vemos que Miike decide sacarse de la manga lo de que nuestro héroe utilice una espada de bambú… Una forma un poco absurda de homenajear a su yerno. Y de paso buscar un poco más el drama.

En mi opinión esta nueva película se centra más en los personajes, desarrollándolos un pelo más allá y haciendo que el espectador sienta un extra de empatía con el sentido de la tragedia de la historia. Esto lo consigue principalmente alargando un poco la parte en la que se explica como los protagonistas llegan a la situación en la que se encuentran, dramatizando un poco más el drama. El resultado final es bastante más “Hollywoodiense” (digo esto sin connotaciones negativas), pero por contra hace que pierda parte del carácter, y así uno de los puntos fuertes, de la obra clásica.

Reflexionando sobre las diferencias de significado entre la palabra “Hara-Kiri” y la palabra “Seppuku”, creo recordar haber leído alguna vez que la primera hace referencia a la acción de cortar el vientre, mientras que la segunda tiene connotaciones más rituales, más formales. Esto es algo que no he podido verificar de modo alguno, pero me fiaré de mi memoria. Digamos que, según esa teoría, cualquier persona puede cortarse el vientre y eviscerarse (hacerse el “Hara-Kiri”). Pero para considerarlo “Seppuku”, la cosa tiene que estar perfectamente protocolizada, ser mucho más formal, incluso con un padrino que se encargue de decapitar al pobre diablo cuando la autolisis esté ya perpetrada. Sea como sea, parecería una buena forma de referirse a ambas versiones, siendo la clásica de Masaki Kobayashi un “Seppuku” en toda regla, mientras que la nueva de Takashi Miike se queda en “Hara-Kiri”. Un punto mas abajo en la escala de elegancia.

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~ por suntoryman en septiembre 30, 2012.

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