Persiguiendo la butaca.

Nunca he ido al cine solo, existe algún tipo de barrera psicológica que me impide hacerlo. Lo más parecido que he hecho fue ir a ver “Ran” a un ciclo de Akira Kurosawa en una sala de conferencias, pero han pasado más de 10 años desde aquello . Y quizás ir a una sala de conferencias no cuente como ir al cine, por mucho que vayas a ver una película. Pero por lo menos fui solo. Doblemente solo si tenemos en cuenta que no había nadie más en la sala, sin contar al tipo encargado de la proyección. Era cine, pero no en Un cine.

Todo este asunto me extraña bastante, porque lo cierto es que disfruto bastante de las actividades por mi cuenta y riesgo desde la más tierna infancia, cuando subía al monte del pueblo a jugar a los dinosaurios o a espiar temeroso a los buitres -no hablemos ya de la adolescencia y sus típicas sesiones de sexo, err…, autoasistido-. Existen hoy en día pocas actividades más gratificantes para mi persona que ir a una terraza a leer un libro, asistir a alguna conferencia, pasear sin rumbo fijo por la ciudad o subirme a un avión y plantarme allende cristo perdió el mechero sin más compañía que una maleta. En este contexto no son pocas las veces que me he planteado el por qué no he ido nunca al cine solo, sobretodo cuando me pierdo alguna película que me apetece simplemente porque mi pareja o amigos no quieren venir a verla. Es tremendamente ridículo, lo sé. El caso es que cuando voy al cine y veo a alguien que se sienta solo a disfrutar de una peli experimento una especie de sentimientos enfrentados. Por un lado, admiración y sana envidia. Por el otro, cierta tristeza, como si de alguna manera mis circuitos neuronales no fuesen capaces de procesar la falta de compañía dentro de una sala de cine. Puede que de manera simple e inconsciente se plasme en mi mente la ridícula idea de que quizás esa persona no tenga a nadie alrededor que quiera acompañarle. Como si la soledad no pudiese ser elegida, como si no la hubiese elegido yo mil veces, como si no fuese tan saludable como necesaria.

Quizás a ti, que simplemente coges y te metes en un cine a ver una película, esto te parezca un desvarío sin sentido alguno. Tengo que darte la razón y en mi defensa diré que no es algo que me quite el sueño, por suerte también tengo cosas importantes en las que ocupar mis cabalas. Eso sí, mentiría si te dijese que no es un asunto que últimamente está llamando a mi puerta, sea por lo que maldita sea.

Si fuese 31 de Diciembre me lo tomaría como un propósito para el nuevo año, pero como estamos en Octubre (y no quiero esperar meses para zanjar este asunto) voy a repasar la cartelera en busca de la dignidad. Y ya veremos lo que pasa.

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~ por suntoryman en octubre 8, 2011.

Una respuesta to “Persiguiendo la butaca.”

  1. Hay algo curiosamente simbólico en lo de ir al cine, algo que debe pulsar cuerdas emocionales profundamente marcadas en nuestro inconsciente cultural, porque a muchas personas parece resultarles triste, desolador o incluso impensable el ir al cine por uno mismo, mientras que otras actividades de ocio de similar duración no causan la misma respuesta, la misma resistencia emocional. Tienen trabajo aquí los -ólogos (antrop/soci/psic).

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